La Isla de Skye es uno de esos sitios que se ha quedado con parte de mi alma para siempre. Un lugar con gente encantadora, donde el tiempo parece hacerse parado y donde olvidarte de todo es tan fácil como ponerte unos zapatos.

Llegamos a dormir a Portree, en la Isla de Skye. Nuestra opción aquí fue The Bosville, un hotel muy bien situado, muy cómodo y con un buen restaurante donde cenamos los dos días y con un desayuno con el mejor salmón ahumado que tomamos en Escocia.

Portree está situado en el centro de la Isla de Skye lo que lo hace perfecto para organizarse la ruta alrededor de la isla. Aquí nos quedamos dos noches, y al volver continuamos nuestra ruta por Inverness Shire y Speyside.

Comenzamos la ruta bien temprano para aprovechar las horas de luz del día que resultó ser largo en esa época del año (finales de Septiembre-principios de octubre).

La isla de Skye no es un lugar en el que sea posible parar a comer en cualquier sitio salvo que se visite en verano (en cuyo caso la isla está llena de puestos de comida ambulante en casi cada punto turístico). En nuestro caso tuvimos que conformarnos con un paquete de patatas fritas y una coca cola que compramos en una gasolinera (solo encontramos un punto de venta de gasolina en la parte noreste de la isla), así que os recomiendo que os preparéis un pequeño picnic antes de salir para no pasar el hambre que pasamos nosotros hasta la cena ese día …jajajaja

La primera parada fue en Old Man Storr, una colina rocosa en la península de Trotternish. Aquí hay que hacer una ruta a través de estas colinas de unas dos horas ida y vuelta.

La caminata merece la pena. Aunque la principio del recorrido había mucha gente que subía para ver las vistas desde la primera colina (era fin de semana), a medida que avanzamos hacia la cima, había menos y menos gente, de modo que al final solo queda los locos como nosotros y los senderistas que hacen rutas de varios días por la montaña.

Continuamos nuestro camino hacia el norte y la siguiente parada fue en Mealt Falls. Unas cataratas preciosas que nacen en el lago Mealt, del que toman su nombre, y van a terminar directamente sobre el Atlántico. Es difícil describir con palabras la belleza del lugar, el contraste de colores y lo mágico del sitio.

Mealt Falls es sin duda una de esas cascadas con ese factor «¡Guau!», que hace que nunca olvides de estos sitios. Tiene aproximadamente 55 metros de altura que caen por los acantilados de Kilt Rock (llamada así porque su forma recuerda a un kilt, una falda escocesa) hasta el Minch, un brazo de mar situado entre Escocia y algunas de sus islas y que forma una especie de fiordo de belleza increíble.

Nuestra siguiente parada fue Quiraing que está situado en la zona conocida como Trotternish. El Quiraing es un deslizamiento de tierra en una de las caras de la montaña de Meall na Suiramach. Es como si la montaña de hubiera cortado, la tierra se hubiera abierto para mostrar su interior y el paisaje es único. La zona se puede recorrer a pie y es conocida como una de las rutas bonitas de la isla de Sky, pero nosotros ya habíamos tenido bastante por la mañana y solo paramos a dar un corto paseo.

El final de la isla de Sky es la hermosa Rubha Hunish, el punto más al norte de la isla donde pudimos ver  aves y mamíferos marinos. La zona está casi desierta e esta época del año y con frío y lluvia es como perderte en otro mundo, un mundo precioso.

Camino del castillo de Dunwegan pasamos por Castle Ewen Fairy Glen un deslizamiento de tierra en miniatura similar a Quirang que es también precioso y merece una parada.

Pero nuestro siguiente destino sería uno de los castillos más increibles de todos los que vimos en Escocia. El Castillo de Dunwegan es una de las visitas obligatorias si vais a Escocia. Es el castillo escocés que lleva más tiempo habitado y puede visitarse en determinadas épocas del año (y nosotros esta ves ¡tuvimos suerte!).

Situado en la costa oeste de Escocia, el castillo pertenece a la familia MacLeod, parte del clan MacLeod. Nosotros dimos un paseo en barco para verlo desde el lago y os diré que pasamos mucho frío pero cada una de las lágrimas que me caían por la cara mereció la pena la vista de este preciso edificio. Tiene además unos jardines muy bonitos, pero sinceramente al lado del castillo perdí el interés por completo en ellos.

Queríamos hacer terminado el día visitando Neist Point, el faro más famoso de toda la isla, pero se nos hizo de noche y no tenía sentido alargar la ruta una hora y pico más de coche para no ver nada. Así que decidimos volver a nuestro hotelito, a cenar un salmón rico rico y dejar el faro pendiente para la próxima vez, porque habrá próxima vez. 

Escocia es un lugar para perderte, para volver y volver una y mil veces. Un sitio que no te dejará indiferente y en el que descubrirás lo Bonito con mayúsculas que es el  mundo.

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