“Un amigo nunca te dice lo que tú quieres escuchar, te dice la verdad y lo que es mejor para ti”

Esta receta la aprendí en el Hài Scout Café, un sitio que os recomiendo si alguna vez visitáis Hoi An, en Vietnam. El Scout Café, como se le conoce entre los habitantes locales, es un restaurante con mucho encanto, que practica vietnamese cooking classes de forma práctica y desenfadada. El Cooking teacher era literalmente,… un showman, te enseña las recetas de forma simple y vistosa. Pruebas de todo y te facilita las alternativas de los ingredientes en Europa. Te hace pasar un rato muy divertido. Para terminar, el café dispone de un precioso patio de entrada que permite tener una cena tranquila e íntima, pero a la vez, goza de notable popularidad entre los visitantes, así que veréis como siempre está animado.

Hoi An está considerado patrimonio de la humanidad por la Unesco, así que imaginaos la belleza del lugar. Se asienta en una antigua desembocadura natural junto a la costa del Mar de China, y el hecho de haber permanecido inalterable tras las distintas guerras la han convertido en uno de los destinos con más sabor de Asia. El entramado de las calles, los colores de las casas y locales, los farolillos colgados en las fachadas, y su genuino sabor, hacen del centro antiguo de la cuidad, conocido como Hoi An Town, un lugar inolvidable. Es una joya.

Es obligado disfrutar con tranquilidad de la ciudad, pequeña y manejable. No debéis dejar de ver los santuarios, visitar el puente japonés, pasear por el mercado lleno de colores y sabores, dar una vuelta por los restaurantes del río, observar a los artesanos, comprar, o disfrutar de una vuelta en bici hasta las playas junto a los hoteles costeros.

Hài Scout Café está situado en un edificio bajo y antiguo, del tipo habitual allí, cuya entrada se abre a un jardín que por la noche se transforma en bar. En el menú hay muy buenos sandwiches, como el club de cangrejo, desayunos occidentales con zumos deliciosos y platos vietnamitas tradicionales. Además, también venden artesanía de las tribus del interior de Vietnam. En definitiva, un lugar para no perderse porque es muy agradable, porque es pintoresco y porque, como casi todo en Vietnam, es barato. ¡Preparad los palillos!

  • Nivel de dificultad: Fácil
  • Tiempo de preparación: 30 min.
  • Comensales: 4 personas

Ingredientes

  • 1 calamar grande limpio o 400 grs de calamares frescos medianos cortados en tiras 2,70 €
  • 1 cucharadita de gengibre rallado o de pasta de gengibre (la venden en los supermercados en la zona de fríos. La marca se llama Gourmet Garden y la venden tanto en sobrecitos como en tubos). 0,50 €
  • 4 dientes de ajo muy picados 0,19 €
  • 1 cebolla blanca finamente picada en rodajas 0,20 €
  • 3 aguacates grandes, o dos mangos o 2 pepinos rallados con el rallador grueso 3,95 €
  • 1 cucharadita de sal, 1 pellizco de pimienta negra recién molida, 2 cucharaditas de azúcar, 2 cucharadas de aceite 0,30 €
  • el zumo de una lima o un limón 0,08 €
  • 2 cucharadas de hierbabuena picada 0,30 €
  • 2 cucharadas de anacardos picados (también sirven cacahuetes pero con los anacardos queda mucho más fino) 0,25 €

Total: 10,47 € a dividir entre cuatro comensales 2,62 € por ración. Esta ensalada es muy original ya que la cocina vietnamita no es muy conocida aún en España. La preparación es fácil y la presentación del plato muy llamativa por el color verde de los aguacates (o naranja de los mangos).

Utensilios

  • un rallador grueso
  • una sartén
  • una cuchara de madera, boles, tablas de cortar, cuchillos.

Maridaje

Las ensaladas van muy bien con la cerveza. Para este plato me permito recomendaros una cerveza checa que se llama BUDEJOVICKY BUDVAR, a 1,20 €. Es suave, fresca y muy rica, la podéis encontrar en grandes superficies y supermercados.

Preparación

1. Lo primero que haremos será limpiar los aguacates. Para ello cortaremos el aguacate por la mitad con la ayuda de un cuchillo grande. Girar las mitades del aguacate cada una en sentido contrario para separarlas. A continuación, clavaremos la hoja del cuchillo en el hueso del aguacate y tiraremos de él para extraerlo. Con ayuda de una cuchara grande, extraer la pulpa, pasando la cuchara entre la piel y la carne del aguacate. En el caso de que usemos pepinos, simplemente se les quita la piel, y si usamos mangos, se pelan y se les quita el hueso.

2. Con ayuda de un rallador grueso rallarlos. Dejar el hueso con el aguacate rallado para que no se oxide y se ponga oscuro. Cada vez que vayáis a usar aguacate, no tiréis los huesos. Reservadlos y unidlos a los aguacates picados dejándolos en el mismo recipiente. De esta manera evitaréis que se oxiden y mantendrán su color verde durante mucho más tiempo, incluso días.

3. En una sartén grande, idealmente un wok, calentar el aceite. Cuando esté bien caliente añadir los ajos y la mitad del gengibre y saltear hasta que los ajos estén bien dorados.

4. Añadir el calamar en tiras y saltear hasta que esté bien hecho (unos 3-4 minutos). Retirar del fuego. En la fuente donde vayamos a servir la ensalada, poner los calamares salteados.

5. En la misma sartén, rehogar durante un minuto escaso la cebolla con el resto del gengibre mezclando bien todo.

6. Colocar encima de los calamares los aguacates rallados. Añadir la cebolla pasada por la sartén. Aliñar por encima con la sal, la pimienta, el azúcar y el zumo del limón.

7. Finalmente añadir los anacardos picados y la hierbabuena troceada. Servir inmediatamente para tomarla templada. Es distinta, original, deliciosa y saboreamos un trocito de Asia en casa ¿qué más se puede pedir?

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