Para mi comer en Copenhague es siempre una gran experiencia. No hay cosa más divertida cuando voy de viaje, que el hecho de que mi estancia en el lugar que visito, coincida con algún evento especial…. y si es gastronómico, mejor que mejor. Así que en mi última escapada a Dinamarca, mi estancia coincidió con el Copenhague Cooking Festival, es decir, una locura para el paladar que aprovechamos toda la familia. Este festival tiene lugar una vez al año, y resume el estado que vive la cocina escandinava, donde la creatividad emana por todos lados y donde la mezcla de frutas con la carne es para los nativos como el pan con aceite para nosotros.

Comer en Copenhague

Ajoblanco Loleta Copenague Cooking 2

Comer en Copenhague

Alquilamos unas bicicletas, algo que en los países escandinavos resulta un plan perfecto, ya que es de los sitios del mundo más preparados para ello. El carril bici en Copenhague es como una autopista de tres carriles comparado con los nuestros, las señales viales y los semáforo especiales para los ciclistas hacen muy fácil y seguro el tráfico y la educación de los ciclistas, y su civismo, hacen que resulte un método de transporte divertido, rápido y una ayuda para compensar las calorías extra que en nuestro caso, ingerimos en Copenhague para aprovechar al máximo lo que el festival podía ofrecer.

Comer en Copenhague

Comer en Copenhague

Se trata del mayor festival gastronómico del norte de Europa que comenzó a celebrarse en 2005. Con degustaciones en la calle, demostraciones callejeras de algunos de los mejores restaurantes y montones de actividades que incluyen cursos para niños (eso sí, en danés), ofertas para cenar al aire libre, sobre el mar o incluso bajo tierra, con menús especiales en algunos restaurantes y preparación por parte de las mejores tiendas gourmet de la ciudad de cajas de picnic especiales en honor al festival… Todo un destino gastronómico típico del norte.

Comer en Copenhague

Comer en Copenhague

De todas las actividades que Copenhague ofrece esos días, visitamos el Nordic Taste, una especie de mercado gastronómico que se celebra durante dos días (sábado y domingo) en la Søren Kierkegaards Plads, en el interior del islote del castillo (Slotsholmen) junto al Castillo de Christiansborg (sede del parlamento). Cada día del fin de semana en dos franjas horarias. La primera coincide con el horario del almuerzo danés (12:00-15:00), y la segunda con la hora de la cena (15:00-18:00), más o menos. Para acceder no hay que comprar una entrada, pero si además se quieren degustar los platos, se compra un “ticket” que da derecho a diez degustaciones (175 Coronas danesas, unos 24 €). Buena idea.. ¿eh?

Más de veinte restaurantes escandinavos de lo más cool, tradicionales y originales, acompañados de productores de la cocina danesa, sueca y noruega, presentan en mini puestos sus delicias, en lo que viene a convertirse en un mercadillo (o pop-up fair), eso si gourmet, en la calle. Cada restaurante elabora un platillo, una receta a modo de tapa de degustación de lo más autóctono, sellando las casillas del cupón que dan derecho a la degustación, pudiendo saborearse, con DJ en directo incluido, al atardecer junto a los canales del puerto.

Algunos puestos llaman la atención por su esmerada cocina, pero otros lo hacen por su original patrocinio, por ejemplo Morso Forno, una fábrica de hornos de leña para particulares que me dejó con ganas de traerme uno en la maleta, y que preparaba unas deliciosas degustaciones de berenjenas super finas con verdura fresca.

Y otros lo hacen por su brutal variedad, como el puesto de Grod, una tienda online especializada en productos ecológicos daneses (también tienen tienda), que prepararon: Ensalada a base de semillas de lino, queso danés, cebolletas frescas, berros y avellanas; Platos de arenques o de pescados ahumados; carnes con salsas de frutas; cremas dulces; etc.

Comer en Copenhague

Comer en Copenhague

Lo formidable de esta fórmula es que uno se puede hacer perfectamente la idea de por dónde respira la cocina escandinava, de los productos que usan y de cómo los cocinan, y todo sin tener que salir de un entorno precioso, con música en directo y por un precio fantástico. La experiencia fue fabulosa. Una idea muy a tener en cuenta para exportar… ¡¡Más que recomendable!!

Y me vino a la cabeza, como no podía ser menos, una degustación típica de la tierra… más aún cuando quedan aún días de calor. Como unas semanas antes pude asistir al formidable Curso de Sopas frías de Dani García en Calima, decidí que era la ocasión. Aquí tenéis mi versión del Ajoblanco malagueño que Dani nos enseñó. ¿Gustáis?

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